Es el terreno que pretendo, el de los principios básicos. Caminando por ahí me encontré un día con Eduardo Galeano y tome su mano: “Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
El Presidente de Perú está bajando en las encuestas de popularidad, lo han dicho en los Telediarios de la primera. Un hermano suyo ha viajado a Rusia y parece que a los peruanos no les ha gustado de qué ha hablado en las reuniones desarrolladas. La noticia aunque no importa un pimiento debe ser importante, muy importante si consideramos el tratamiento deferente que se le ha dado en este martes 26 de julio. Debe serlo aunque no para mi; tampoco lo es (apuesto) para más de 7 de los millones de espectadores del Telediario de TVE.
La información de Ollanta Humala, así se llama el Presidente de Perú, no merece ni un breve de la página par de un diario gratuito. Lo sé yo, lo sabes tu, lo saben los editores de los informativos de la televisión y lo saben los becarios que, gratis total, pueblan las redacciones de los medios de comunicación. Becarios que se miran a la cara quizás preocupados "¿tendremos que saber, piensan, los índices de popularidad de todos los presidentes de todos los países que en el mundo hay?". Becarios que. ingenuos, dudan si proponer un vídeo que explique los motivos de la hambruna de Somalia. ¡Pobre de quien lo haga!. "¡Eso, le contestarán, son cosas de la BBC!"
Sí ya sé que el argumento de la hambruna y África es facilón. Y si lo enfrento al tratamiento de la masacre de Noruega es doblemente demagógico. No lo haré, más. Pero me hacía falta una entrada en el blog para recomendarte 2 cosas. La primera es una lectura de verano, el artículo ¿Quién vigila a quién? de la revista de la FAPE, el número 25. ¿Vigila el periodista al político o el político al periodista?
Segunda y más interesante recomendación. Ha sido la canción favorita de Amy Winehouse, la canción que en su funeral nos ha recordado qué pasa cuando se va una de las grandes voces de la música. Mucho más interesante, creo, que las encuestas de popularidad de Ollanta Humala.
Intento que mi vida no acelere, nunca. Intento vivir a 60 pulsaciones, siempre. Intento no ser igual y en ese esfuerzo pretendo, siempre que puedo, no parecer distinto.
Mi vida profesional, e intento que también la personal, va de la mano de una de las grandes frases que el genial director de cine Jonathan Demme nos regaló en la no menos genial "El silencio de los corderos".
“Principios básicos agente Starling” le decía el doctor Lecter a Jodie Foster. Y la vida es así. Los principios básicos nos mueven las emociones, nos hacen cercanos y queridos, quizás lejanos y odiados. Todo dependerá de cómo los sepamos administrar.
En la palabra, en la distancia corta, en la mano abierta, ahí se refugian las claves de nuestras vidas. Ahí todos somos iguales…y todos somos diferentes. “Se tú e intenta ser feliz pero ante todo se tú”. De Lecter a Charlie Chaplin.
Y así se forja mi vida (creo que también la tuya). Cuanto más creo saber mejor administro la sencillez. No es ninguna paradoja; administrar lo sencillo es terriblemente complejo. Los miedos y las inseguridades son ingredientes que forjan nuestra identidad, son parte del ADN del yo. ¡No hagas esto!, ¡no hagas lo otro!, ¡no molestes!, ¡no metas ruido!, ¡deja paso!, ¡no comas mucho!, ¡come más!, ¡anda más despacio!, ¡anda más deprisa!
A ver quién es el guapo que sale indemne de tanta ley. Y uno llega a los 40 (fue mi caso hace 6 años) y mira hacia atrás con el vértigo de todo lo que le queda por hacer si mira hacia delante. Esa máxima para quienes administran bien porque todos conocemos a muchas personas que a los 40 ya deciden cerrar la atalaya. Luego, ¡es normal!, se quejan porque el corazón se les llena de musgo.
Y en ese tránsito las circunstancias me llevaron a estudiar “Ciencias de la Información” (Universidad del País Vasco UPV/EHU), una de las carreras más ampulosas que conozco, etérea como el humo, más por vaga que por sutil. Cinco años de clases, que no estudios, a cambio de un título. “La información no sirve de nada si por ella no pasa la vida”.
Años después llegó Emilio Lledó (mi principal maestro). Con él una frase (la leída) puso en su sitio a los casi 30 enseñantes (ni profesores, ni maestros) que mal que bien se ganaron su sueldo en la Facultad. Encajado a Lledó ya no me interesa la información sin comunicación; ahí me empeño. Por lo menos el título me ha permitido 20 años de ejercicio profesional, siempre en la televisión pública de España (TVE). En esa práctica pretendo ser periodista. Si no llegó quizás me quede en comunicador; no es mala meta frente a quienes se conforman con ser licenciados.
Y en el otro tránsito, en el de los principios fundamentales, está la gente que ha decidido regalarme parte de su vida; Inma, Ander y Amaia. Principios básicos. Agua, tierra, aire y fuego.
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