Lirios de mar


Era cualquier día de agosto en casi cualquier playa de Andalucía, salí a recoger lirios de mar. Los lirios, como el periodismo, sobreviven ahí donde es complicado hacerlo, tanto que parece imposible. Los lirios florecen en los arenales, apenas regados más que por la lluvia y por el olor de las olas del mar. Si las hojas mueren sus flores nacen, a pleno sol, en agosto mejor, más los abrasan más florecen, como el periodismo. Recogía lirios, como Manuela Carmena hizo en Cádiz. Amaia, 12 años, vigilaba mi espalda, no temía a la policía y sí a los fotógrafos del periódico "LA RAZÓN"; no a los profesionales, a los otros, a los sabuesos de Marhuenda, a los que como a Manuela Carmena me pueden pretender en sus portadas.

Se quejaba la alcaldesa de Madrid la pasada semana, en el ecuador del septiembre del 2015, en el balance de los 100 días de Gobierno, que los medios de comunicación apenas los atienden, que cuando lo hacen es para atacar. Dice Manuela Carmena y con ella su equipo de gobierno, que está sorprendida porque los medios de comunicación se posicionan según los intereses de sus dueños. Si blanco entonces blanco, si negro entonces negro, da igual que la realidad presente todas las tramas del gris. Ella lo sabe, es lista, lo sabe desde hace años, lustros, décadas. Carmena defiende su derecho a pensar en libertad, al margen de los intereses de las empresas dueñas de los medios de comunicación, al margen del intento de los medios de comunicación de ocupar las conciencias colectivas. Manuela Carmena defiende su derecho a recolectar lirios blancos, ahí donde quiera, ahí donde sea, ahí donde la libertad los haga crecer. Dice Manuela Carmena que los medios no están de su lado, no dice que cientos de miles de ciudadanos, millones, sí lo estamos. Tranquila, ganamos.

El mundo es solo un punto de fuga, los pensamientos son lugares de nadie. Fruto de un realismo capitalista, donde el simulacro de los medios de comunicación, la arquitectura del espectáculo y la infección mercantil ofrecen una realidad virtual, somos incapaces de ver el mundo y solo vemos su imagen, una verdad al margen de la verdad".
Y me adentré en el mar, playas de Isla Cristina, Huelva. Y sembré el lirio y el mar agarró sus raíces. Y de vez en cuando vuelvo y me encanta que los mariscadores de coquinas rodeen el lirio y lo respeten, ajenos a las portadas de La Razón o de su competidor Bieito. Ajenos a 13 TV, a los informativos corrompidos de RTVE en Andalucía, a todos los demás que lo son. Respetan mi lirio que todavía florece y ya será octubre, dos meses antes que diciembre, el 13 o el 20 que dice Rajoy; entonces florecerán lirios, tulipanes y jazmines también. El periodismo lo necesita.

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