La llave azul de Joaquín Sabina

Tengo la llave azul de la casa de Joaquin Sabina, la he conseguido ahora que él y ya hace años ha cambiado de cerradura. Si no tengo la llave azul que otros sí tienen ya para poco tengo su compromiso, el que pasea de la mano de Luis García Montero, compromiso con el periodismo libre, con la información que levanta democracias, información y libertad lo llama. Por darle uso y vida a la llave azul me he comprado un armario, ahí cerraré el último ejemplar de El País, lo he comprado esta mañana, martes 22 de abril, año 2014, nunca más lo buscaré en el kiosko, ni el de hoy ni el de nunca, un lector menos, ya se nota demasiado.

Se nos muere el Gabito y algo va y viene, viene y viene, nada se va para nada. Inicio la segunda línea del segundo párrafo con el compromiso de remansar el texto, hasta ahora al lado del aire del caos. He escrito cien veces en Google, en todas sus combinaciones que son dos, las palabras Gabo y periodismo, periodismo y Gabo. Él muere y nace en mi una idea, ya definitiva, antes dudante, Si Gabriel García Márquez fue periodista antes que escritor yo ya tengo mi Dios, también con la D mayúscula. Antes del jueves no lo era, ya sí, era tarde ayer, ya no.

No escribiré hoy de Silvio, sí de Joaquin y Gabo. Comala y Macondo. Tengo dudas, también principios, básicos en el blog, igual que los que pretendo en la vida. Llaves azules, información y libertad, que ninguna hipoteca te aplaste, martes 22 de abril. Vivir más allá de la muerte, dudar ayer para no hacerlo mañana. Dios existe y se escribe con D, todos los días son 11-M, elecciones para elegir y borrar las siglas; no siglas y sí ciudades, Comala y Macondo, Rulfo y Márquez, soñar y morir, tierra húmeda para sembrar, principios básicos lo llaman. Sí, estoy hecho un lío, cada día lo tengo más claro. Gabriel García Márquez te llamas, amén.

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