Las FOP, Fuerzas del Orden Periodístico.

Si cumplo los años que tengo seré centenario. Para los jóvernes, que lo somos, que ronden la cincuentena decir FOP es temblar, asustarse, temer y, según cómo te haya ido, hasta llorar. En aquella España del blanco y negro, la de los 70, y hasta el mismo año terminado en 5, sólo existía el orden que debía existir, el único, el bueno, el asolador de la conciencia colectiva. Las FOP, Fuerzas del Orden Público, eran inmunes, impunes, inquietantes y hasta asesinas, algunas. Eran otros tiempos, eran.

Era martes, quizás lunes o miércoles de la semana pasada. Desayunaba a la hora del desayuno y la SER avanzaba que sería un mal día para UGT, día de lacra sindical. La Guardia Civil registraba unas empresas que habían hecho negocios con el sindicato, ayer UGT, mañana serán las Comisiones Obreras. Decir sindicatos, ya se sabe, es decir corrupción, mariscadas, pianos alquilados a millón de euros; que vuele la presunción de inocencia.
Y al grito de Operación Cirene llegamos los de las FOP, Fuerzas del Orden Periodístico, no faltaba nadie. Ahí estábamos inmunes, impunes, inquietantes y hasta asesinos, todavía no. Guardias civiles fornidos y periodistas dispuestos a narrar algunas de las Ws del periodismo, las más sencillas, las del qué, las del dónde, las del cuándo, si el por qué no está claro lo mismo casi da, ya lo contarán por la noche en 13 TV y con ellos todos los que lo son, manipuladores. Y arriba las antenas, que se abran los micrófonos, que suceda siempre a las 10, o más cerca de las 9, la hora en la que mejor se contamina; que con un poco de suerte no haya otro tema en el día, ya harán para que así suceda.

Y escuchaba lo que algunos compañeros decían, algunos, no todos. Y recordaba que hacía unas semanas la media costilla que me soporta me contaba que le tocó ser la enfermera de referencia de un paciente, un ciudadano ejemplar, un hombre admirable para quienes le conocemos, "un sindicalista" decían algunos compañeros del hospital. ¡Que devuelva lo que ha robado!, ¡que se marche a un hospital privado!, ¡que lo pague con lo de los ERE! me decía que decían en un vomitado ejercicio de prejuicio ciudadano. Y él se curó de la caída y se marchó a su casa y en el asiento de atrás del coche le acompañaba el orgullo de haber trabajado a conciencia por una Andalucía mejor. Los otros ellos, los prejuiciosos, nunca podrán limpiar su mente contaminada y manipulada por las FOP, por ellos mismos. Ignacio Ramonet, "La tiranía de la comunicación". 

El telediario, en su fascinación por el espectáculo del acontecimiento ha desconceptualizado la información y la ha ido sumergiendo progresivamente en la ciénaga de lo patético. Insidiosamente ha establecido una especie de nueva ecuación de la información que podía formularse así: Si la emoción que usted siente viendo el telediario es verdadera la información es verdadera”.

Y sentí todo tan podrido que tuve que vestirme de Enya, de la armonía del alma.

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