Mamón
La costumbre del insulto ha arraigado de tal manera que los insultos se televisan; en reality shows y otros programas de tertulias, mujeres y hombres, a veces con estudios, por ejemplo de periodismo, se descalifican entre sí con insultos que emiten gritando. Son, descalificaciones, "intentos", como reitera Lledó, "de anular al otro, chantajes, por tanto". Si eso fuera pedagogía, "y los medios son pedagogía", eso sería lo que está aprendiendo esta sociedad: que el insulto sale gratis.
Y en este juego de asociaciones recordaba el reciente artículo de Fernando Vallespín, "Gran metáfora", que nos habla del asolamiento de esos espacios en los que la televisión se consideraba (hay quienes con ingenuidad, esperanza y sensatez defendemos el tiempo presente del verbo, se considera) una de las principales herramientas de educación y progreso. Ingenuos que hasta repetimos que por ahí se consolidan los pilares de una sociedad sana en democracia. "El problema, escribe Vallespín, es que cuando estos escasos oasis mediáticos se secan, como acaba de ocurrir con CNN+, ya nada o casi nada puede impedir la propagación del desierto".Y por mucho que le pese a Vasile y a sus corruptos programadores no estamos ante ninguna excepción. Del norte al sur. Canal Sur también se aleja de las zafiedades catódicas. Y sí, le pasa como a La 2, le pasa como a ETB, le pasa como a todas las televisiones que pueden programar sin depender de los audímetros. Aquí el ejemplo de la televisión pública de Andalucía. Se trata, en lo que apunta el artículo de Juan Cruz, de poner freno a la socialización de la estupidez y de la vulgaridad". Caca, culo, pedo, pis:
"La socialización de la estupidez"
El insulto, tal como se produce en los medios, y tal como lo vive la población, dice Juan Marsé, "es una degradación del trato". "Es una catástrofe que viene de los medios, y que busca la crispación".
Emilio Lledó ve en todo esto un peligro enorme, "porque estamos ante la socialización de la estupidez y de la vulgaridad". Lo más grave en su opinión es "que la sociedad se acostumbre al insulto como una violencia que puede asumir, sin entender que es un fomento de la agresividad, un desgarro que en sí mismo produce desgarro. Una desgracia, pues, además, no tiene gracia".
Para el filósofo, "el mal hablado termina siendo un mal pensado,... Esa insultería representa una sociedad que se piensa mal a sí misma. Cuando uno se ensucia se lava las manos, pero cuando se ensucia el cerebro solo se puede lavar la sociedad con la educación, con el buen uso de la lengua, que por eso se llama lengua materna y no lengua madrastra, con mi respeto para esas mamadres de las que escribía Neruda...".
La calumnia es más traidora, dice Lledó, "el insulto es más bestial. Se dice para aniquilar al otro, es una enfermedad social. Ahora que los humos se quieren prohibir, fijémonos en los humos del insulto, esas palabras pringosas que se quedan en la cabeza y que ni quisiera se evaporan, como los humos del tabaco... La mente se habitúa al insulto, y este se queda en la inteligencia, es un mal que acaba enfermándonos. El lenguaje tiene también su basura, y esta se está incrustando. Del mismo modo que no aceptamos la corrupción, no debemos aceptar tampoco el insulto. Para limitar los daños solo existen la educación, la escuela, no fomentar el humo del insulto porque el cerebro no se puede lavar como las manos".
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