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Neuroperiodismo

Lo llaman "neuroplasticidad". Me suena su definición, me asombra el extremado mimo con el que esta palabra casa su significado con su significante.  Neuroplasticidad. Quizás Ramón y Cajal, Don Santiago, ya apuntara en su GPS profesional las coordenadas de un término en el que están volcados algunos de los más prestigiosos neuroinvestigadores del mundo, uno de ellos Antonio Damasio. Tan ocupado en las cosas de Vasile y en el vergonzante cierre de CNN +, llevaba un tiempo demorando la lectura de alguno de los trabajos de quien un muy querido compañero me recomendaba día sí día también. Lee a Damasio. Ya cansado de mis largas el viernes de la pasada semana me envió este vídeo de Youtube:


Touché. "Ataca a un sentimiento negativo con otro positivo y ...". Y reflexiono, poco, sobre esta España cainita tan  llena de hijos de puta, dice Pérez Reverte. Y recordaré a Damasio cuando dentro de unos meses, o sea ya, el periodismo cave hondas sus trincheras (como las fosas de Reverte) para manipular a quienes puedan y se dejen manipular. Todos manipularán, todos. Irán a bocados a por nuestras conciencias, lobotomizarán nuestras reflexiones, intentarán comerse la parte posterior de nuestro tallo cerebral. Lo dice el mago del cerebro:
“Si destruyes la parte posterior del tallo cerebral, destruyes la conciencia. Puede que nunca salgas de ese estado vegetativo”

Nos asustarán con el "¡que viene la derecha!", nos agobiarán con el "¡Zapatero ha llevado a España a la ruina!". Y participa que tu voto es decisivo, y no te abstengas porque si no votas no te quejes. Y poco a poco irán neuroplastizando nuestro cerebro. Lo pintarán de rojo o azul según convenga. Y sólo dirán una verdad, ¡no todos son iguales!. Si lees a Damasio aprenderás a discernirlo, si te entregas a los medios no será posible. Ni lo intentes.

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Al otro lado del mundo

Llevan 2 días peleándose. La 1, Tele 5 y Antena 3. Yo la primera en informativos, para mi el liderazgo del entretenimiento, tú detrás de mi en audiencias. Es un sin-fin que puede durar todo el año, como en el 2009, como en el 2008. Y no se trata de contar quién cuenta más mentiras, el meollo es conocer quién esconde con más sigilo la verdad. A unos porque les interesa ocultarla, a otros porque no les interesa que se vea. El share no es más que un vellocino, en algunos casos es de oro, en otros de latón.

Importa, sí, quien es el más visto. Importa, también, cuánto le cuesta a cada televisión alcanzar un punto de share. No deja de ser relevante saber cuánto del share es de producción propia y cuánto de producción ajena. Y puestos a producir interesa saber, también, con qué dinero se produce y quién es el que lo produce. En ese camino sería bueno esclarecer de dónde llegan las inversiones y una vez en la caja los euros habría que contar cómo y dónde se destinan. Habría que ver los Presupuestos Generales del Estado, habría que interesarse por las cotizaciones en bolsa. Para tí la rentabilidad social, para nosotros la rentabilidad bursatil. Para ti el prestigio, para nosotros los anuncios. Y puestos a preguntar vamos a interesarnos por los grupos empresariales que sustentan a cada una de las cadenas, y donde no hay empresas tocará husmear por otros intereses. Y mientras no nos despejen esas dudas (y ahí nos toca trabajar) no debería interesarnos el dedo apuntando a la luna.


Y en tanto no nos dejen mirar el blanco de la luna al menos que nos dejen ver la suciedad que se incrusta bajo la uña del dedo que allí apunta. Sí, me apunto a Barry Schwartz. Me apropio del título de su libro; en esto de la televisión, también, muchas veces más es menos (no olvides activar los subtítulos):



P.D: No se me olvida el sentido del título de esta entrada. Al otro lado del mundo, decía Quino.