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Es uno de esos artículos imprescindibles, uno de esos artículos que se entienden mejor cuando maduran, cuando por ellos pasa el tiempo. El maestro Vargas Llosa lo tituló "Más información, menos conocimiento". Ayer lo leía a mil kilómetros de distancia de la primera lectura. Allí, en Sevilla, lo leí con el cerebro; aquí en Leioa lo he leído con el corazón y me ha gustado mucho más. Me pasaba al contrario que con los informativos de televisión, sólo los puedo ver con el cerebro (medio anestesiado para evitar colapsos), cederles un mínimo espacio del corazón me parece una temeridad.
Y por esas cosas que tiene el verano con la 27 de "El País" del domingo hice un inestable avión de papel y lo eché a volar rumbo a Júpiter, hoy todavía está entre las ramas del árbol que hay debajo de casa. ¿Por qué a Júpiter?, porque es el planeta que más me enseña, porque es el planeta que mejor sabe hacerme pequeño, porque no hay mayor cura de humildad que pensar en un planeta que alberga una tormenta desde hace 300 años, una tormenta que es 2 veces el tamaño de la tierra, la nuestra. Júpiter es el planeta perfecto para darnos cuenta de la importancia de las cosas que nos parecen tan importantes. "¿Por que estaba mal el sonido de la rueda de prensa de Rajoy. Quién lo ha grabado?" ¡Ja!
Y mirando el avión con los termómetros a 18 grados pensaba que no será tan mala la tesis que aprendí cuando el año 2.000 quiso acabar en tres. Me dí cuenta que, quizás, a más información menos conocimiento. Desde hace 4 años comparto esa teoría con jóvenes periodistas, la discuto con mis compañeros de trabajo, la repito en este blog más que la digestión del pepino. Comparto, discuto y repito sabiendo, ya como una certeza, que sin emociones no hay periodismo porque no hay comunicación. Quizás por eso estoy pensado que uno de los factores de la ecuación con la que éste verano voy a proponer la fómula del periodismo de calidad venga de la mano de la música, estoy hasta por asegurar que no se puede hacer periodismo si no te emocionas con la música de Bruce Springsteen. Esta última hipótesis en la que trabajo me ha sido sugerida por dos personas que pensaba que eran mis amigos y hoy sé que no lo son. Los amigos, se lo digo por aquí a Marta y a Ela, no te deben hacer llorar y menos de emoción. Gracias infinitas.
Y si quieres poner a prueba tu capacidad como periodista aquí te dejo una prueba. Coge pañuelo.
Don Mario
Publicado por
Roberto Lakidain
en
12:27 a. m.
Sería exagerado escribir que me he alegrado por el Nobel de Vargas Llosa, sería más equilibrado escribir que me ha caído bien, incluso muy bien. Hoy se puede decir muy alto; si lo dices claro incluso mejor. Desde hace unos años, cuando el galeno de la vida me enseñó que era recomendable alejarse de todo extremo, decidí acercarme a un personaje del que me alejé por sus disputas con García Márquez. Sus clases magistrales en "El País" fueron derribando mis ignorantes prejuicios, de los que me quedan excesivos restos. Del Nobel de Don Mario se alegra la derecha, la izquierda, la extrema derecha, la extrema izquierda, el centro y el extremo centro. La prueba del algodón superada con nota, con muy alta nota.
Reconocida en este blog mi inoperancia para acercarme desde el periodismo al mundo de la literatura intento aprender provocando el sentido inverso de los que saben. Intento que los literatos (escribidores que llama mi admirada María Iglesias) desanden sus pasos hacia sus orígenes periodísticos. Aquí uno muy reciente de Mario Vargas Llosa; junio año 2007, "La civilización del espectáculo". Aquí un extracto que casi puedo recitar de memoria:
"Es verdad que siempre existió, en el pasado, un periodismo excremental que explotaba la maledicencia y la impudicia en todas sus manifestaciones, pero solía estar al margen, en una semiclandestinidad donde lo mantenían, más que leyes y reglamentos, los valores y la cultura imperantes. Hoy ese periodismo ha ganado derecho de ciudad pues los valores vigentes lo han legitimado. Frivolidad, banalidad, estupidización acelerada del promedio es uno de los inesperados resultados de ser, hoy, más libres que nunca en el pasado".
A esta hora hago cálculos. "Si ahora son la 00h 30m, pienso, hoy me acostaré rozando las 3". La segunda obligación será leer a Alejo Carpentier ("El reino de este mundo"). Si los jefes del Nobel le pillaban a Vargas Llosa releyendo este libro, que desconozco, seguro que merecerá la pena. Aquí lo tienes.
Antes, en la primera obligación, una cita más ligera. Es uno de los buenos amigos de Mario Vargas Llosa:
Las tramas del gris
Publicado por
Roberto Lakidain
en
1:19 a. m.
Albert Henry Munsell nos enseñó desde la colorimetría lo que Ramón de Campoamor nos enseño desde la poesía, "nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira" Del blanco al negro hay 9 tramas del gris. Y así llevo unos días, quizás semanas, meses o años. Y de cuando en cuando y cada vez con más ganas me agarro a una frase de Rafael Sánchez Ferlosio:
Y si alguien lo duda que conceda 16 minutos a esta entrada, 8 minutos por artículo. Israel o Palestina.
Para quienes pretenden esa gazpachera relativista-intelectual en la que la tolerancia se confunde con la indiferencia dejo un último enlace (disculpar los muchos deberes de esta entrada), habla el codirector de la ONG israelí "Rompiendo el silencio" (Yehuda Shaul).
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